Valme: la historia de mi primer Interrail

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  • Nuestro planteamiento inicial sobre el recorrido que íbamos a realizar resultó ser bastante incongruente en tanto que incorporamos muchísimas ciudades de Europa por ver y la gran mayoría en uno, o como mucho dos días.

    Os vamos a contar la experiencia de mi primer Interrail, el primero que iniciamos juntos y por el que no teníamos mucha información, pero pudimos darnos cuenta de muchas cosas después de hacerlo.

    Nos parecía una locura, y lo fue, pero al final descubrimos que podemos movernos por Europa fácilmente y ver los principales monumentos de cada ciudad

    Nuestro recorrido

    Empezamos en París y terminamos en Milán, aprovechando así los vuelos low cost. Imagínense ir de una punta a otra de Europa en diez días.

    Pues eso hicimos nosotros. París, Luxemburgo, Bruselas, Ámsterdam, Berlín, Praga, Viena, Ljubljana, Múnich y Milán.

    Esa fue nuestra planificación inicial, aunque en nuestro camino tuvimos que pasar por ciudades exóticas como Graz, Bohumin, Maribor, Zidani Most y Spielfeld Straß.

    No nos podemos quejar porque vimos los principales monumentos de Europa de estas grandes ciudades y disfrutamos muchísimo nuestra experiencia. París, Bruselas o Berlín son ciudades de las que siempre nos acordaremos y que siempre guardaremos una especial presencia en nuestro corazón.

    Pero de lo que más nos reímos ahora es de lo que salió mal, de cuando intentábamos comunicarnos con la gente de República Checa que no hablaba inglés, de cuando no salía nuestro tren a Praga en la pantalla, de las noches apretados en el tren o de nuestras imaginaciones mentales de que nos iban a secuestrar.

    Bohumín

    La primera de las grandes noches en Interrail fue cuando tuvimos que hacer escala en Bohumin, una diminuta ciudad checa en la que nadie hablaba inglés, así que imaginaos cómo nos comunicábamos con los checos.

    Estuvimos de doce de la noche a seis de la mañana que salía el tren, en una sala de espera llena de pelusas, inventándonos juegos para entretenernos y haciendo carreras. La mejor parte llegó cuando no aparecía nuestro tren en la pantalla y no sabíamos cómo preguntarle a nadie.

    Así que llamamos al teléfono de Interrail para asegurarnos de que el tren vendría. Lo malo fue cuando era la hora del tren y no sabíamos dónde estaba exactamente ni cuál era y cómo pudimos nos entendimos con un checo de la estación y encontramos por fin el tren que nos llevaba hasta Viena.

    Graz

    La experiencia de Graz también fue bastante divertida a toro pasado. Nosotros teníamos que ir a Liubliana y nos avisaron en el tren que tendríamos que bajarnos una parada antes por un accidente que habían tenido en Maribor y por el cual no podían pasar trenes.

    Nosotros no nos enteramos muy bien de la parada y como vimos mucha gente bajarse en Graz, nos bajamos allí pensando que era dónde teníamos que hacerlo.

    El problema es que ahí no nos teníamos que bajar. Aún recuerdo a una amiga nuestra corriendo por los autobuses de fuera y preguntando si alguno iba a nuestro destino.

    Ruta alternativa

    Pero como ninguno iba, la única solución que nos dieron fue una ruta alternativa en la que teníamos que hacer diversos cambios en diez minutos en cada estación, primero en Spielfeld Straß, después en Maribor y por último en Zidani Most.

    Como podréis imaginar, nadie hablaba inglés, solo checo. El camino hasta Spielfeld Straß fue bastante divertido porque íbamos solos en el tren y nos pusimos a cantar sevillanas.

    El autobús hasta Maribor también fue bastante entretenido, pero el problema llegó cuando el tren de Zidani Most a Liubliana ya había salido cuando nosotros llegamos a la estación, puesto que el autobús llevaba retraso.

    Entonces nos ofrecieron como solución llevarnos hasta Liubliana en un microbus. Pero, por culpa de las diferencias del idioma, no entendimos lo que nos quería decir y pensábamos que decía que nos iban a llevar en una furgoneta.

    Nuestra imaginación empezó a dar vueltas y empezamos a pensar que nos iban a secuestrar y vender nuestros órganos.

    Para defendernos empezamos a repartirnos cuchillas de depilar, desodorante y cortauñas, pobres de nosotros que pensábamos que íbamos a poder hacer algo con esos aparatos.

    Al final el microbus fue normal y llegamos sin ningún problema a la capital eslovena.

    Un sin fin de aventuras y experiencias que jamás olvidaremos y que nos hicieron disfrutar muchísimo de nuestro viaje de Interrail. Estamos con muchísimas ganas de hacer otro más, aunque más relajado que el primero que hicimos. De verdad, de corazón, hacer un Interrail porque será la mejor experiencia de vuestras vidas.

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